Posible Ministra de raíces hidalguenses

Guardo gratos recuerdos de quien fuera mi primer jefe y a la vez uno de mis más queridos maestros, sino es el que más, el hombre a quien debo el descubrimiento de mi inclinación por la historia y en particular por la historia regional, me refiero al profesor y licenciado Isaac Piña Pérez, quien en el desempeño de sus funciones como Procurador del Estado, murió de manera trágica el 29 de abril de 1969, al desplomarse el helicóptero, en el que viajaba en compañía de personal de la Procuraduría General de la República.
 
Nacido en Atotonilco el Grande Hidalgo, el 22 de noviembre de 1922, fue hijo del profesor Malaquías Piña Josué y Lucía Pérez, ambos, reconocidos maestros en diversas escuelas de la región de Metztitlán, de donde eran originarios. El pequeño Isaac, pasó su infancia en Zacualtipán, típico enclave de la serranía hidalguense, donde dio inicio su educación básica, terminada en la afamada escuela Julián Villagrán de Pachuca, en la que aparece matriculado hacia 1928. Tras cursar la secundaria en el antiguo Instituto Literario del Estado, ingresó a la Escuela Normal Socialista Benito Juárez de Pachuca, donde concluyó la carrera de maestro normalista en 1937, cuando contaba con apenas 15 años.
 
Sin pausa alguna, se inscribió en la Escuela Nacional de Maestros –de San Cosme– de la que egresó en 1942. Mientras ejercía su profesión en diversas escuelas de la Ciudad de México, decidió inscribirse en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la que egresó en 1950. Durante sus años como estudiante universitario, gracias a su particular inclinación hacia la poesía, participa en la revista “Vórtice” donde publica sus trabajos poéticos y forma parte de distintos cafés literarios, al mismo tiempo, desarrolla su vocación por la historia, actividad en la que logró ganar el certamen convocado por el periódico “El Nacional” con su historia del Estado de Hidalgo, obra desgraciadamente extraviada, considerada por quienes le conocieron como una de las primeras y más completas monografías de esta entidad federativa.
 
Sin despegarse jamás de la entidad hidalguense, se desempeñó como Juez de Primera Instancia y Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Guerrero, entidad en la que también formó parte del profesorado de su Universidad. En 1963, regresó al Estado de Hidalgo para hacerse cargo de la Subprocuraduría de Justicia hasta 1966, año en el que fue electo diputado al Congreso del Estado.
 
Mi encuentro con este extraordinario personaje, sucede en 1968, cuando estaba por concluir sus actividades como Diputado Local y era mi profesor de Derecho Internacional Público en la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Hidalgo. Una tarde del mes de agosto, al concluir su cátedra, se acercó a mi pupitre y me dijo “Menés”, así con acento en la última “e”, -lo espero mañana por la tarde para tomar una taza de café en el “Niza”-, la cafetería de moda en aquel Pachuca de finales de los años sesenta, a lo que accedí gustoso.
 
Para sorpresa mía el maestro Isaac, había leído y le gustó un artículo mío publicado en la revista “Gráfica de Hidalgo” dirigida por el inolvidable Julio Isaac Zamorano, donde también escribía el maestro Piña. Después de una larga bocanada a su cigarro –un largo pitillo con boquilla– me dijo, esta semana me van a designar encargado de las actividades del “Primer Centenario de la Creación del Estado de Hidalgo” y del nacimiento del Instituto Literario –ya para entonces Universidad– por desgracia agregó, los festejos de la Erección del Estado, están muy atrasados no así los de la Universidad que ya caminan muy bien, invitándome a participar en la organización, desde luego accedí gustoso y muy emocionado.
 
A partir de entonces le seguí muy de cerca, primero me llevó con don Francisco Maldonado Lecona, quien era el Tesorero del Estado –lo que hoy es Secretaría de Finanzas– con quien a partir de entonces me entendí en su nombre para todo lo relacionado con la administración de los fondos necesarios para cumplir con los festejos –la construcción tanto de la Rotonda de Hidalguenses Ilustres en el panteón municipal de San Bartolo, como de una plaza en honor de don Juan C. Doria, primer Gobernador del Estado y la edición de dos discos con poesías y música relativa al Estado– .
 
Durante aquellos meses, me reunía con el maestro Piña, casi todos los días en el Niza, reuniones a las que se sumaba regularmente el licenciado Jesús Ángeles Contreras –que había sido mi maestro de Derecho Penal parte general– yo les veía muy entusiasmados por los tiempos políticos que se acercaban para ambos, con la llegada al gobierno estatal del Profesor y Licenciado Manuel Sánchez Vite, el mayor impulsor de la obra de ambos.
 
Por aquellos días el maestro Piña ingresó a la Academia Nacional de Historia –sitial que nueve años después me fue asignado, a mi ingreso a aquel organismo– en compañía de Arnulfo Nieto, asistí a la ceremonia en la que fue recibido aquel hombre, de baja estatura y tez morena, cuyo rostro se significaba por el negro y bien delineado bigote así como los espejuelos semi-obscuros, de voz engrosada por el tabaquismo exacerbado, hábito que junto al gusto por la historia, heredé de alguna manera; expuso de forma brillante su trabajo “Pachuca y su historia en el siglo 16”.
 
Meses después en abril de 1969, le acompañé, a tomar posesión como Procurador de Justicia del Estado, ya que por aquellos días continuaban los trabajos del centenario. Una noche en la que acordaba con él en la soledad de su oficina como Procurador me dijo: ¿me dicen que usted se va a dedicar al Derecho del Trabajo no? –Sí- le respondí, bueno déjeme hablar con Manuel (Sánchez Vite el Gobernador) a ver dónde le encontramos acomodo, ya no hubo oportunidad pues la mañana del 29 de abril de 1969, murió inesperadamente, causando consternación y gran dolor a su esposa y a sus entonces pequeños hijos.
 
Hoy, al enterarme de que su hija Norma Leticia Piña Hernández, es una de las personas más viables para integrar como Ministra al Supremo Tribunal de la Nación, he vuelto a recordar aquellos sucesos y me pregunto cómo reaccionaría aquel hombre de extraordinaria cultura jurídica, poeta de reconocidas dotes y uno de nuestros más serios historiadores ante este galardón para su hija, creo que su orgullo sería tan grande como el que hoy debemos sentir todos los hidalguenses.

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