Rubén Licona Rivemar, una vida útil

Presidente del Tribunal Superior de Justicia en dos ocasiones, la primera en 1977, durante el gobierno del licenciado José Luis Suárez Molina y la segunda en 1987, cuando gobernó al estado el licenciado Adolfo Lugo Verduzco, Secretario de Gobierno del licenciado Jorge Rojo Lugo entre 1978 y 1981 y Procurador de Justicia en la segunda parte del ya referido gobierno de Lugo Verduzco, ello amén de una larga carrera académica en la Universidad Autónoma de Hidalgo, donde impartió diversas cátedras entre ellas la de criminología en la entonces Escuela de Derecho y Ciencias Sociales. Esta fue a grandes rasgos, la hoja de méritos, del licenciado Rubén Licona Rivemar.

Quien le conoció puede avalar la gran caballerosidad y bonhomía, que le caracterizaron no solo como servidor público, sino como maestro y aún más como amigo, sus finos modales, acompañados de una permanente sonrisa, su impecable manera de vestir y su andar solícito fueron atributos consustanciales a su personalidad.

Imposible sería olvidar para quien esto escribe, la mañana de aquel miércoles santo del año de 1976 cuando a solicitud suya, el licenciado Rafael Herrera Cabañas entonces Secretario General del Tribunal Superior de Justicia, me llamó por teléfono, para pedirme, me presentara en el patio de la sede del Poder Judicial, “La Casa Rule”, a efecto de verificar la carga de un camión de redilas donde se habían apilado cerros de atados de “papel viejo” que habían sido vendidos por el anterior representante del Poder Judicial a una cartonera de la ciudad de Pachuca.

Acompañado del licenciado José Vergara, nos apersonamos 15 minutos después en aquel lugar, solo para verificar que se trataba del más importante hallazgo de muchos años en la historia del Estado de Hidalgo. Aquel cargamento de papel ya vendido a la cartonera, era nada menos, que el valiosísimo archivo virreinal y decimonónico de la comarca pachuqueña, pues abarcaba documentación de la Alcaldía Mayor y Subdelegación de Pachuca, así como las actuaciones de los primeros Juzgados de Paz de esta ciudad.

Con extraordinaria disposición y diligencia, lo primero que hizo el licenciado Licona Rivemar, fue deshacer el contrato que ya había realizado, devolvió la cantidad pagada y ordenó se bajara de inmediato toda la documentación, que fue concentrada en el ático de la Casa Rule y con ella dio inicio una titánica labor para rescatar y clasificar aquel mar de documentos cuya antigüedad pudo constatarse años después, da inicio en julio de 1553. Con aquel valioso acervo, se fundó el Archivo Histórico del Poder Judicial, que fue concentrando poco a poco la documentación que se encontraba dispersa en distintos juzgados foráneos, hasta conservar este gran repositorio documental, que ha permitido reescribir la historia del Estado de Hidalgo.

Le recuerdo aún tan entusiasmado como nosotros, no había tarde en que no subiera hasta la planta superior, para verificar los avances en la clasificación, más tarde como Secretario de Gobierno, no dejo de apoyar las labores archivísticas, por su conducto, se adquirieron anaqueles, cajas, folders, lupas, lámparas y un gran número de enseres necesarios para aquella labor.

Parece que fue ayer, cuando nos enfrascábamos por largos días para arreglar y organizar el cúmulo de datos y documentos, que se concentraban para integrar los informes de Gobierno del licenciado Jorge Rojo Lugo y luego para redactar las líneas propuestas al titular del ejecutivo. La seriedad y a la vez afabilidad del licenciado Rubén Licona, no reñían con la guasa y el buen humor de José Arias y don Raúl Guerrero, la perspicacia y don de político maduro de Jesús Murillo Karam, las atinadas observaciones de Prisciliano Gutiérrez y Jaime Flores Zúñiga y las agudas y acertadas reflexiones de don Jorge Rojo Lugo, fue aquel, un gran equipo en el que aprendíamos de todos hábitos y habilidades de la política.

Guardo en mi biblioteca, un ejemplar de su libro “La Fundación de la Universidad Autónoma de Hidalgo” en el que describe los entretelones que en 1961 permitieron la transformación del antiguo Instituto Científico y Literario Autónomo del Estado en Universidad, capítulo que conoció perfectamente, pues el actor principal de aquella gesta fue su padre don Rubén Licona Ruiz, último director del Instituto y primer Rector de la Universidad Hidalguense, allí están descritas con lujo de detalles aquellas horas ácigas y también las transcurridas en los tres siguientes años, los primeros de nuestra universidad regidos por don Rubén Licona Ruiz.

Hombre de amplia cultura, lector empedernido, siempre actualizado en temas jurídicos sobre todo los del derecho penal que fue siempre de su especial atención. Hace dos años tuve la fortuna de volver a charlar con él por teléfono a propósito de una reunión que realicé con los expresidentes del Tribunal, me habló de su imposibilidad de asistir, pero me dijo, ¡oye quiero charlar contigo del nuevo sistema, me inquietan muchas cosas!, desde luego accedí, pero ya no hubo oportunidad, el pasado 3 de octubre, dejó de existir, su vida se apagó, pero los buenos recuerdos, las horas de intenso trabajo y su gran don de gentes quedarán en la memoria de quienes le conocimos y allí muy adentro de nuestros recuerdos volveremos a departir memorias. Descanse en Paz, quien fue una verdadero paradigma de mi generación.

www.cronistadehidalgo.com.mx
Pachuca Tlahuelilpan, noviembre de 2016.

Pie de foto: In memóriam de Rubén Licona Rivemar.

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