Plaza Independencia IX

Inenarrable, fue el júbilo de los integrantes de mi generación, al darse a conocer, que el “Adefesio Reforma” sería finalmente demolido, al dar por terminado el comodato que el gobierno del Estado tenía celebrado con la empresa “Cadena de Oro” distribuidora de películas en todo el país, la noticia fue dada a conocer por el licenciado Jorge Rojo Lugo gobernador de esta entidad entre 1975 y 1981.

La tarea del gobierno no fue nada fácil, había que desalojar casas comerciales, consultorios médicos, bufetes de abogados y una veintena de viviendas, además de la gran sala cinematográfica, hubo reticencias, pleitos legales, arreglos extrajudiciales y una parafernalia más de asuntos, hasta que la población empezó a darse cuenta de cómo empezaba a desmantelarse la construcción y luego vino la demolición. Recuerdo al profesor Héctor Valdelamar Frank, cámara al hombro, llegar todos los días a eso de las siete o siete y media de la mañana a fin de captar día a día aquella que se antojaba como una obra ciclópea, que por cierto duró pocos días, Arnulfo Nieto Bracamontes y el que esto escribe, secundamos a nuestro maestro y también dimos cuenta de aquella hazaña, captada con nuestras viejas cámaras “retinet” de Kodak.

Algunos negocios, fueron trasladados a locales improvisados, armados y colocados a lo largo del paso peatonal que unía las calles de Julián Villagrán y Ocampo. Al cubrir durante la administración del Alcalde Rafael Cravioto, con grandes lozas, el lecho del río de Las Avenidas que unía a ambas arterias, los propietarios de estos negocios –salvo el señor Capeto– pronto se dieron cuenta, que la clientela no llegó a su nuevo domicilio, de modo que los fueron abandonando paulatinamente.

Días después nos enteramos de que el gobierno del estado, intentaba solucionar el grave problema de estacionamiento en el centro de la ciudad, para lo que se había decidido construir un aparcadero subterráneo en toda la extensión de la Plaza, aumentada ahora con el espacio que ocupó por cerca de 40 años el “Adefesio Reforma”, para lo que dieron inicio los trabajos de excavación en la que otrora fuera la gran “Plaza de Toros de Avendaño”.

Para aquellos años –1978-1980– dos importantes instituciones de cultura, se echaban a cuestas el impedir que la barbarie oficial y/o privada, continuara su labor destructiva del panorama urbano, por una parte el Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas A.C. (CEHINHAC) de corte local y privado y por la otra, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), organismo oficial, que a través de su recién establecida delegación en Hidalgo, intervino también en la verificación de los planes gubernamentales.

Para los miembros del CEHINHAC, la excavación fue oportunidad para realizar nuestra iniciación en la arqueología, allí, en compañía del inolvidable doctor Julio Ortega Rivera –indigenista de cepa– y del arqueólogo Rafael Abascal Macías, primer delegado del INAH, nos dimos vuelo, se encontraron cientos de vestigios, que fueron revelando, la presencia de las diversas etapas históricas de la Plaza, desde principios del siglo XX, halladas en las capas superficiales, hasta las más profundas donde se halló la presencia de cerámica azteca, metzca -Metztitlan–, teotihuacana y desde luego las que correspondieron a grupos nómadas, así pudo conocerse que aquel sitio fue el antiguo lecho del río, recorrido hacia finales del siglo XIX unos cuantos metros al oriente, reencauzándolo mediante terraplenes que aún pueden notarse entre la Plaza y la calle de Matamoros con la de Hidalgo que corre paralela.

Las piezas encontradas fueron pacientemente limpiadas y luego clasificadas para enviarlas a la bodega de la delegación del INAH, mientras nosotros, dábamos fe de cada hallazgo con la “Retinet” y el profesor Valdelamar con su magnífica “Leika” a la que agregó el testimonio cinematográfico de su moderna cámara “Bolex” de película “súper ocho”.

Dimos testimonio del cinturón de concreto, con el que se blindaron los cimientos del Reloj y luego nos percatamos de cómo se iban construyendo columnas y trabes, aunque algo que generó escozor, fue la construcción de las salas cinematográficas y del centro comercial –que por cierto nunca funcionó–, el propio gobernador explicó que las salas de cine, fueron parte del convenio con la Cadena de Oro, para demoler el “Adefesio Reforma” lo otro, es decir el espacio comercial, fue circunstancial, pero la joroba que sobresalía en la Plaza fue motivo de opiniones encontradas, finalmente, al concluirse la obra estructural se presentó otro problema, ¿Cuál iba a ser la ambientación de la plaza?

La propuesta fue cubrir el piso de la plancha de la Plaza, con una gravilla de cantera ligeramente rosada y la colocación alrededor del zócalo del Reloj, de un estanque poco profundo de agua. Dos cosas sucedieron, el residente de la obra, no colocó la gravilla de cantera sobre la fragua del cemento, sino que mezcló a este –el cemento– con la gravilla, con lo que la gravilla perdió su textura y la apariencia que se pretendía con su colocación. Por lo que hace al estanque, algún arquitecto o ingeniero de ideas peregrinas, intentó demoler el zócalo de mármol, ante la enérgica protesta de don Efrén Meneses Villagrán, miembro del CEHINHAC, quien con argumentos sólidos logró impedir la demolición y que en lugar de fuente se colocara una gran jardinera.

Cuando la obra quedó terminada en diciembre de 1980, la explanada de la plaza dio paso a la más hermosa imagen de nuestro monumento símbolo, por muchos años opacado por el “Adefesio Reforma”, por árboles y otro tipo de mobiliario urbano que rivalizaba con él. Otra vez la “Retinet” se dio vuelo captando en toda su magnitud a nuestro emblemático Reloj.

Entonces, comprendimos que mucho era lo que le faltaba a la Plaza para lograr un panorama agradable, todo su entorno había sido bárbaramente transformado, se construyeron edificios de escaso mérito estético, realizado bajo esquemas funcionalistas y en otras construcciones los dueños cometieron atrocidades como aumentar pisos, colocar terrazas y otros daños que dieron al traste con el entorno de la Plaza, sobre todo a partir de los primeros años de la década de los setenta en que fueron levantados los edificios del costado norte. Se pensó en colocar en esa ala, que era la más dañada por la modernidad, una cortina de altos cipreses que ocultaran el afeado panorama, inclusive el propio gobernador Rojo Lugo echo andar el mas ambicioso programa de rescate de fachadas, pero todo fue inútil, la Plaza estaba herida ya de muerte.

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Pachuca Tlahuelilpan, Junio de 2016.

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