Plaza Independencia II, Toma Insurgente de Pachuca

Los anales de la Plaza Independencia, en su origen Plaza de Toros de Avendaño, registran uno de los capítulos más interesantes de la historia de Pachuca, sucedido los días 23 y 24 de abril de 1812, en ocasión de la toma de la ciudad por los Insurgentes Vicente Beristaín y Souza, Miguel Serrano y Pedro Espinosa, pertenecientes a las fuerzas independentistas de José Francisco Osorno; el hecho, narrado de manera pormenorizada por el Historiador Lucas Alamán, quedó también inscrito en diversos documentos como uno de los acontecimientos más importantes de la ciudad.

La importancia económica y política del Pachuca de aquellos primeros años del siglo 19, se derivó de ser la sede de la Caja Real de las platas y azogues de su majestad, sitio donde se recibían y guardaban los tributos y derechos de la explotación minera y el lugar donde se almacenaba y autorizaba la compra de mercurio para el beneficio del mineral. Aquella importante atarazana, aunada a la explotación de diversas minas, ubicadas en los Reales del Monte, el Chico y la propia Pachuca, hicieron de este último lugar, una apetitosa plaza para las fuerzas insurgentes.
Los censos de la época registraban en Pachuca una población de alrededor de los 6 mil habitantes, en un reducido espacio que no abarcaba más allá de la hoy Hacienda de Loreto por el norte, la actual calle de Galeana por el poniente, dos cuadras arriba de la parroquia de la Asunción por el oriente y la calle de Mina por el sur, todo ello en medio de enormes solares desocupados.

El centro económico y político de aquel Pachuca era sin duda la Plaza Mayor, actualmente de La Constitución, donde además de encontrarse las oficinas del llamado Oficio Público –despacho del Subdelegado de Partido– se ubicaba también la Parroquia, el Portal, la Plazuela de Mercaderes y el Sitio de Pregones de su Majestad. En un segundo término se encontraba, la Plaza de Toros, que se perfilaba ya como polo atractivo para el incipiente comercio de aquel Real de Minas, sitio donde por cierto se habían construido ya tres importantes mansiones, la casa más grande e importante de todas, era la de Don Francisco de Paula Villaldea, Subdelegado del Partido, la del Conde de Casa Alta antiguo caballerizo del Virrey Iturrigaray y la del Comandante de las fuerzas militares de la Comarca don Pedro Madera.

La Narración de Alamán señala que los insurgentes atacaron la ciudad la mañana del día 23 abril, concentrándose en los tres edificios principales de la Plaza de Toros, en especial la casa de Villaldea, que a la sazón estaba en México; ya al anochecer, la tribulación de la población fue mayor, al prender fuego los independentistas a las paupérrimas viviendas de los trabajadores mineros que en su mayoría estaban provistas de techos de paja, que fueron fácil pasto de las llamas, el panorama no podía ser peor, el cronista compara aquella escena al incendio de la legendaria Troya. Fue en ese momento cuando se presentaron los religiosos del colegio apostólico de San Francisco, quienes lograron que las partes beligerantes negociaran la capitulación, con lo que impidieron un verdadero baño de sangre.

El comandante Madera, después de reunirse con los insurgentes pactó la capitulación con prontitud, ya que para entonces muchos españoles habían sido víctimas de la leva insurgente. Las condiciones fueron la entrega de todas las armas y los caudales de la real hacienda, entre los que quedaron comprendidas: más de 300 barras de plata, diversos tejos de oro y otros caudales personales de los españoles que fueron entregados a los independentistas quienes a su vez se comprometieron a respetar la vida de los europeos y de las tropas realistas apresadas, cuyos soldados, quedarían después en libertad de seguir el partido que quisieran y muchos se agregaron a las fuerza rebeldes.

Un día más tarde al enterarse Beristaín de que se aproximaban las fuerzas del reaccionario Vicente Fernández, con realistas leales de la hacienda de Tlahuelilpan a fin de auxiliar a la ciudad, se inculpó a Madera de no haber respetado las condiciones de la capitulación y se reiniciaron las hostilidades, de modo que mientras se organizaba la forma de rechazar el ataque de Fernández, los insurgentes, aprehendieron a varios españoles que días más tarde serían pasados por las armas.

Poco menos de un mes duró el Real de Pachuca en manos de los insurgentes, pues el 10 de mayo de ese mismo año –de 1812– las fuerzas de los realistas Rafael Casasola y Domingo Claverino, comandadas por este último, entran en Pachuca sin encontrar oposición, más la huella de los acontecimientos de abril fue imborrable para muchos empresarios mineros que decidieron abandonar la población, lo que aunado a la falta de operarios, dio al traste con la economía del antiguo Real de Minas, que como señalaran los primeros gambusinos ingleses llegados a esta comarca una década después, adquirió la imagen de una aldea arrasada por cosacos.

Es importante señalar que de los edificios a que alude Alamán, la casa de Don Francisco de Paula Villaldea, adquirió fama años después al instaurarse en 1841 la corrida de pasajeros por diligencia a la Ciudad de México, pues en ese lugar se estableció la terminal de aquellos vehículos, esa actividad revitalizó la Plaza que pasó a llamarse de las Diligencias. Esa casona se transformó en 1905, al aumentarse un piso al edificio, convirtiéndose en el antiguo y famoso Hotel Grenfell, hoy hotel Independencia.

Pie de foto: Esta casona se transformó en 1905, al aumentarse un piso al edificio, convirtiéndose en el antiguo y famoso Hotel Grenfell.

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Pachuca Tlahuelilpan, abril de 2016.

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