Las Calles de Pachuca (segunda y última parte)

La primera etapa del siglo 19, se caracterizó no solo por el nulo crecimiento del perímetro urbano de Pachuca, sino aún más, por las drásticas reducciones a su traza en razón del decaimiento de la explotación minera; para 1850, se reportaba la existencia de apenas 4,000 habitantes, 2,500 menos que en 1820, sin embargo, un año después al descubrirse el clavo inicial de la veta de Rosario y con él, una cadena de nuevos hallazgos, se suscitará la más importante bonanza de la historia pachuqueña. A partir de entonces el aumento de la población se genera casi de inmediato, en 1852 alcanzaba 5,400 personas, en 1864, 12,000 y en 1900, es decir 50 años después, el número llegaba a los 44,000, lo que significó un crecimiento 11 veces mayor. Para entonces Pachuca, era la quinta ciudad más poblada del país.
El súbito crecimiento, generó todo un caos en el desarrollo urbano de la ciudad, que para entonces no contaba con reservas territoriales. Ranchos, terrenos de cultivo pertenecientes a particulares y por si fuera poco el depósito de los desperdicios del sistema de beneficio llamados “Jales” (de Xala arena), se constituyeron en una auténtica barrera, que obligó a los nuevos pobladores a asentarse en las faldas de las montañas que rodean al antiguo asiento de la ciudad.
Es en este periodo cuando surgió la moderna nomenclatura de las calles de Pachuca y fueron los hechos trascendentes o los héroes de la historia nacional los que sirvieron para designar a las grandes o pequeñas arterias de la ciudad, aunque en algunos casos perduraron los antiguos nombres, así, al lado de calles como las de Independencia, Hidalgo, Allende, Guerrero, Matamoros o Abasolo, persistirán otras como “Las Cruces”, “Niño Perdido”, “Hospital”, “Barreteros”, “La Zorra”, “El Minero” o “Pueblita”.
Por ser el impulsor de la nueva nomenclatura, el gobernador Rafael Cravioto y sus hermanos Simón y Francisco –cuyo periodo abarcó de 1876 a 1897– fueron los héroes de la Reforma y los combatientes de la Intervención Francesa, quienes alcanzaron a ser recordados por diversas calles y plazuelas, entre ellos Santiago Tapia, Francisco Peñunuri, José María Patoni, Blas Balcárcel, Manuel Robles Pezuela y otros muchos más.
En 1901, al ocupar la Presidencia Municipal de Pachuca, el ingeniero Gabriel Mancera, rico inversionista minero y uno de los principales impulsores del Ferrocarril Hidalgo, propone al Ayuntamiento, la creación de una nueva nomenclatura mediante la utilización de un moderno sistema basado en ejes, cuadrantes, secciones y zonas, cuyas nuevas designaciones se realizarían en orden alfabético, a fin de simplificar la localización de cualquier calle o callejón. Sin embargo la propuesta complicó las cosas al proponer que las vías, llevaran principalmente nombres tomados de la historia y mitología griega o romana, así por ejemplo, la calle de “Jiménez” se denominaría “Pasaje de Cicerón”, la de “Ángela Peralta” se llamaría “Diana”, la de “Ignacio López Rayón” pasaría a ser “Jenofonte” y así por el estilo.
Aunque el proyecto fue aprobado, no llegó a aplicarse, en primer término, por no contar con el presupuesto suficiente para fijar las nuevas placas que le corresponderían a cada arteria y en segundo lugar, porque fue rechazado por la ciudadanía, para quien en su gran mayoría le eran desconocidos los nombres propuestos y muchas veces difíciles de pronunciar, con tal motivo circularon unas hojitas con las siguientes quintillas:

El progresista Mancera, Y queriéndola apropiar
En prueba de su cultura, A histórico plan minero
Y estimación verdadera A venido resultar
Donó a la ciudad minera Magnífico plan ranchero
Toda una nomenclatura Que buena guerra ha de dar.

Si bien la nueva nomenclatura no llegó a ser aplicada, Mancera tuvo oportunidad de escribir un bello opúsculo que intituló “Diccionario de las Palabras Empleadas para las Vías Públicas de la Ciudad de Pachuca” publicado por la Compañía Industrial Ascorve y Gayoso en el año de 1906, que muchas luces ha dado para estudiar el comportamiento urbano de la ciudad.

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Pachuca Tlahuelilpan octubre de 2016

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