La Plaza Independencia IV

Aunque no se conoce fecha exacta, la antigua Plaza de Diligencias, cambió su nombre por el de Plaza de la Independencia poco después de haberse erigido el Estado de Hidalgo en 1869, pues en las noticias y anuncios del Periódico Oficial del Estado, aparece ya con esta última designación al menos desde 1874. En ese entonces el espacio de la explanada era cortado en el sur por un callejón estrecho nombrado de Colón, que unía a las calles de la Cárcel (hoy de Allende) y la de Los Mesones (actualmente Matamoros) mediante el cual se delimitaba un área de buen tamaño, llamada “Plazuela del Carbón” desaparecida al construirse el teatro Bartolomé de Medina en aquel costado sur de la Plaza Independencia.

El periodo transcurrido entre 1869 y 1900, fue realmente el de mayores transformaciones para este espacio urbano, la primera ocurrió en septiembre de 1872, al edificar el municipio un pequeño kiosco de madera desde el que las bandas musicales del ejército y del cuerpo de policía del Ayuntamiento entretenían con prolongadas audiciones a los muchos espectadores que acudían al jardín los días jueves y domingos de cada semana. La segunda obra trascendente, fue la construcción en la contigua Plaza del Carbón del teatro Bartolomé de Medina, cuya obra era auspiciada por una rica familia de comerciantes de apellido Barquín y finalmente la concluyó el gobernador Francisco Cravioto. El proyecto, fue encargado en principio al ingeniero Ramón Almaraz, quien construyó prácticamente toda la obra negra, pues la falta de fondos causó que sus propietarios abandonaran la edificación por un buen tiempo hasta que la cedieron al gobierno del estado para su conclusión, tras haber recibido una buena cantidad como compensación a su esfuerzo.

Fue hasta 1885 cuando se reanudaron los trabajos de su edificación ahora bajo la dirección del arquitecto italiano Cayetano Tangassi, quien a su vez encargó la decoración del interior al famoso escenógrafo Jesús Herrera y Gutiérrez. La inauguración de aquella bella sala de espectáculos, se realizó finalmente el 16 de enero de 1887 con la presentación de la compañía de Zarzuela del general Cid de León.

Cuatro meses después, el 5 de mayo del propio 1887, el Presidente Porfirio Díaz, acompañado del gobernador Francisco Cravioto, inaugura el alumbrado público incandescente, que mucho coadyuvó a convertir a la plaza en el mayor polo de atracción comercial de la ciudad; en efecto, entre 1888 y 1900, se establecieron en ese espacio: tres negocios de zapatería, dos boneterías, un amplio salón de billares, dos restaurantes y una cenaduría, una tienda de cilindros fonográficos, un expendio de la lotería de Michoacán, una nevería, una dulcería, dos farmacias, dos tiendas de abarrotes, una de ellas el Almacén “Francisco Cacho y Compañía” en el que se vendía desde cristalería de Bohemia o latería europea, hasta cuartillos de maíz y barricas de aguardiente oaxaqueño, local comercial que por cierto, fue el primero que introdujo la luz eléctrica en sus aparadores y despachos mediante la instalación de una potente planta accionada con alcohol. Había también en la plaza dos lujosas cantinas, el consultorio de dos médicos, así como un bufete jurídico y una correduría pública. Todo ello sin olvidar al primer palacio de gobierno, establecido en los altos de la botica “El Refugio”.

Al despuntar el siglo XX, la importancia de Pachuca en el contexto nacional había crecido súbitamente, era la sexta ciudad más habitada de la república y la primera productora de plata del mundo, gracias a ello se encontraba comunicada con el resto del país a través de tres líneas ferroviarias: “El Mexicano”, “El Central” y “El Hidalgo”, así como por un importante sistema de diligencias con la Ciudad de México y otros puntos al interior del estado, el empedrado de sus principales calles, el ocultamiento de las acequias y la construcción de banquetas peatonales daban ahora un nuevo y mejor aspecto al contexto urbano de la capital del estado.

En 1900, los accionistas del Banco de Hidalgo, adquieren la esquina de la calle de Bravo y Plaza Independencia, en la que se encontraban establecidas la Dulcería Colón y la Zapatería de Don Enrique Ortiz, y encargan al ingeniero arquitecto Ernesto Fusch, la construcción en ese lugar de sus oficinas centrales. El edificio resultó ser un digno adversario del gran teatro Bartolomé de Medina, por la belleza de su fachada. De estilo clasicista, aunque un tanto ecléctico por los órdenes utilizados. El Banco de Hidalgo embelleció aún más aquella Plaza a partir de su inauguración en 1904, como se ve en el tímpano de su frontón y prácticamente obligó a su vecino, el hotel y Casa de Diligencias el Grenfell, a mejorar su aspecto.

En efecto, a principios de 1905 la antigua Casa de Diligencias apuntaló sus muros y sobre ellos se construyó una segunda planta, mientras que su fachada de hermoso ladrillo inglés, apenas interrumpida con delicadas molturaciones para resaltar jambas y dinteles, daban al conjunto un agradable aspecto; más de treinta cuartos, tres baños por planta, un agradable Ladies Bar, una sala de descanso para los viajeros y las oficinas de la terminal de diligencias, le constituyeron en uno de los mejores sitios de hospedaje de la ciudad en ese entonces.

Para aquellos años el antiguo y hasta cierto punto descuidado Jardín de la Independencia, se convirtió en centro del más ambicioso proyecto de la ciudad: la construcción de una gran torre de conciertos, que terminó dando paso al monumento conmemorativo del primer Centenario de la Independencia, una gran torre que alojó a un fino y exacto reloj público, que vino a darle mayor belleza a la que años atrás fuera La Plaza de Toros de Avendaño.

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Pachuca Tlahuelilpan abril de 2016

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