La Plaza Independencia, décima y última parte

Durante el gobierno del alcalde de Pachuca, Mario Viornery Mendoza (1992-1994) vecino siempre de la Plaza Independencia (pues vivió a una cuadra de ella durante su infancia y juventud), se efectuó la penúltima remodelación de este espacio citadino, cuya idea central fue regresarla a los años cuarenta-cincuenta, para ello, Viornery reconocido arquitecto, repuso mediante una ingeniosa mezcla de cemento y mármol, la pérgola Abundio Martínez –repudiada en 1944 cuando se edificó, por diversas publicaciones periodísticas de la época– así como una veintena de bancas y postes de alumbrado público, realizadas con el material aludido. Se colocaron además en aquella remodelación, arriates sembrados de especies arboladas de tamaño medio y otros elementos que recordaban el diseño que impregnó en los cuarenta la administración del alcalde Daniel Olguín Díaz.

A decir de los expertos, el problema de la Plaza fue desde entonces de carácter estructural, pues columnas y zapatas no estaban preparadas para recibir el peso del nuevo mobiliario urbano, agravándose en las épocas de lluvia al aumentar considerablemente el peso de los grandes arriates. Por otra parte el deterioro del entorno de la Plaza, aceleró durante esos años su depauperación estética, hasta hacer de ella un sitio indigno del monumento que la define y determina, el Reloj, que después de sus casi cien años, empezó a acusar quebrantos y daños, casi irreversibles, en su estructura.

Fue entonces cuando se acarició la idea de realizar una reforma integral, tanto a la Plaza como a su entorno, que abarcara el sentido estético, pero también el estructural. El primer paso fue dedicado en exclusiva al monumento, expertos teóricos y prácticos, sometieron la torre a una escrupulosa revisión y luego reposición de piezas dañadas. Poco más de un año el Reloj se vio rodeado de andamios que permitieron a los expertos trabajar sin prisas y con toda precisión, se revisaron también los cimientos, se repusieron cristales, pisos interiores y una parafernalia de elementos, hasta dejarlo como en sus mejores momentos, esta tarea correspondió al hoy gobernador electo Omar Fayad Meneses, durante su gestión como edil pachuqueño y concluyó felizmente el 15 de septiembre de 2010, al cumplir el monumento sus primeros cien años de vida.

Continuaron los trabajos de remodelación durante el régimen del presidente Francisco Olvera Ruiz, cuya gestión concluyó la licenciada Geraldina García Gordillo, quienes se encargaron de esconder cables y suprimir postes de energía eléctrica, teléfono y otros servicios, a fin de liberar al panorama de la Plaza de todo elemento que pudiera rivalizar con la torre y su entorno.

Continuaron los trabajos durante la actual administración del ingeniero Eleazar García Sánchez, en primer término se inició la transformación del ambiente arquitectónico que la envuelve prolongado a las calles aledañas, había que ennoblecer la estética de los edificios de la frontera norte y muchos de la oriente, así como homogeneizar el resto, a lo que se agregó la reposición de pavimentos y banquetas.

Finalmente todos los esfuerzos se centraron en la plancha de la Plaza, donde los problemas se multiplicaron, pues en un primer momento, expertos, advirtieron de los graves daños estructurales que ya sufrían columnas, trabes y en muchos puntos el piso de la plancha misma, esta circunstancia retrasó los trabajos e influyó en la concepción del proyecto original, que hubo de replantearse para quedar como hoy puede verse.

Concluimos con esta entrega, el recuento de las transformaciones de la Plaza Independencia de la ciudad de Pachuca, cada una en su momento quedó sometida al escrutinio público y en cada época, hubo voces que se levantaron en señal de protesta, pues a unos gustó y a otros no, tal y como sucede hoy con la concluida hace unos días, algunas de esas voces encuentran eco por tener a su alcance medios masivos de comunicación, otras hoy lo han hecho a través de las redes sociales o de la simple comunicación verbal, más lo importante tanto hoy como ayer, es la aceptación de quienes sin hacer uso de estos medios de comunicación, la aceptan o reprueban a través de su uso y goce; de aquellos que hoy la recorren por las tardes o noches de los días de asueto y se detienen para admirar esa maravillosa torre, que hace cien años fue también una herramienta citadina para medir el tiempo, en aquellos días en que los relojes de pulso –o leontina– eran usados por un reducido número de personas; aquellos días en los que las plazas, eran lugar de reunión popular, sitio de esparcimiento, tanto en las grandes como en las pequeñas ciudades, de modo que resultaría conveniente dejar que sea el pueblo quien califique con el uso, si aprueba o reprueba esta enésima remodelación.

La apreciación artística, dijo don Alfonso Reyes hace más de medio siglo, no se genera ni por votación democrática, ni por concensos populares, tampoco es un gusto enlazado a la utilidad, es simplemente un sentimiento de empatía, es una emoción de gusto, es un estremecimiento de la conciencia, ante un objeto un sonido o una expresión literaria, que enfrenta al sujeto frente al objeto. La finalidad de esta serie de entregas semanarias al periódico “El Sol de Hidalgo” es simplemente brindar a los lectores el panorama histórico de la evolución de nuestra emblemática Plaza, ya que finalmente la historia como señalara Louis Altusser, es la definición del presente con las herramientas del pasado, de modo que queda al pueblo y sólo al pueblo pachuqueño la última palabra.

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Pachuca Tlahuelilpan, Junio de 2016.

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