La Parroquia de la Asunción

En el Pachuca de la segunda mitad del siglo 16, todo el 17 y al menos la primera mitad del 18, en el mes de agosto se celebraba la gran fiesta religiosa de los mineros, con una gran feria acompañada de serenatas musicales y saraos que se escenificaban en la antigua Plaza Real –hoy de la Constitución– a la que asistían peregrinos de muchos lugares, y es que la advocación de Asunción –elevación– de la Virgen a los Cielos, era considerada como patrona de la ciudad; cabe aquí recordar algunos datos del templo.

De conformidad con el informe que en 1569 enviaba al arzobispado de México el párroco del templo de la Asunción en Pachuca, don Francisco Ruiz, la primera edificación religiosa de esta comarca minera, fue la capilla de la Magdalena, concluida en 1534 en las inmediaciones de la entonces República de Indios de Magdalena Pachuca –hoy Pachuquilla–, sin embargo, la construcción más importante en la región minera, se realizó en el bonancible Real de Tahuelilpan, hoy asiento del centro histórico de Pachuca, y fue el templo dedicado a la “Virgen de la Asunción a los Cielos” edificado hacia el 1553, según señala el historiador Francisco del Paso y Troncoso, en su obra “Papeles de la Nueva España”.

Aquella primitiva construcción, una pequeña nave edificada de adobe con techo de tejamanil y torre de cal y canto, fue elevada a la categoría de parroquia, según el Itinerario de Hipólito Vera en 1560, aunque es hasta 1568 cuando se inician oficialmente los servicios sacramentales, como se desprende del primer libro que obra en su archivo cuyo asiento inicial está fechado el 31 de enero de 1568, en el que se registra el bautizo de la niña (india) que llevó el nombre de Agustina. En tanto que el de matrimonios comienza tres meses después, el 23 de marzo de 1568 con el asiento nupcial de Pedro de San Miguel y María, ambos indígenas de la encomienda de Antonio de la Cadena, este último reconocido como el principal contribuyente en la construcción de la parroquia.
En los primeros años y debido a la poca feligresía, los servicios religiosos fueron realizados por sacerdotes itinerantes del clero secular, pero, crecido el pueblo del Real de Tlahuelilpan, la arquidiócesis de México ordenó hacia 1566, el nombramiento de un cura beneficiado de planta, correspondiendo a Francisco Ruiz tal designación, a quien se asignó un sueldo anual de 200 pesos de minas, derivados de 50 pesos de tipuzque (sic) por Acayuca y otro tanto por cada uno de los pueblos y estancias de indios de Pachuca. Mas debido al importante número de hablantes de lengua mexicana y otomí, orillaron al Arzobispado a sustituir a principios de 1575 a Francisco Ruiz, por el joven sacerdote Pedro de Salamanca quien no obstante sus 34 años, era conocedor de ambas lenguas.

De conformidad con la información que aporta Vicente de Paula Andrade, la primitiva construcción, se vino abajo en 1647, siendo curas de la misma, los Presbíteros Jerónimo Castañeda y Francisco de la Cruz, iniciándose de inmediato los trabajos de su reedificación, a fin de construir un templo más grande y con mejores materiales y ornamentos. Los trabajos de la nueva fábrica duraron 72 años, pues fue totalmente concluida en 1719, aunque durante ese período, los servicios religiosos se celebraron mediante altares improvisados en diversos sitios de la construcción.

Dos documentos hallados en el Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, dados a conocer por el historiador José Vergara, ilustran algunos aspectos en la construcción del templo, el primero es el contrato celebrado entre “Juan de Vargas, representante de los vecinos y mineros de Pachuca y el Maestro Juan Cerralvo” suscrito el 4 de noviembre de 1622, es decir 25 años antes de que la vieja edificación se derrumbara debido al reblandecimiento de sus muros. El segundo, es también un contrato procedente del año de 1691, por medio del cual se pactaron los trabajos para la construcción de uno de los altares colaterales del templo, seguramente cuando estaba ya adelantada la edificación de la nave.

Si bien el nuevo templo quedó concluido en su exterior en 1719, las obras en su interior continuaron por largo tiempo por lo menos hasta 1784, en que se concluyó el retablo del altar principal de estilo barroco en el que Vicente de Paula Andrade, asegura fueron talladas 20 imágenes de santos curas, a: “Santos Lino, Dámaso, Clemente, Aniceto, Carlos Borromeo, Ascanio, Fulco, Hipólito, Natal, Juan Jorge Gilaber, Sebastián de Villoslada, Leonardo, Emiliano y Lucio; los B.B. Enrique cura de Atlatlacumba, Jacobo Vitriaco, Argentoli, Mateo de Francia, Antonio de Santa María y Roque González.. Este retablo fue demolido en la segunda mitad del siglo XIX, para edificar en su lugar, un altar neoclásico que modificado en 1964, fue nuevamente repuesto con diversas variantes en 1975.

Tanto en los planos y mapas, como en los más antiguos grabados y fotografías que se conservan de la ciudad de Pachuca, puede observarse la amplitud del templo, en primer término, por el sur su curato se prolongaba hasta el callejón del castillo hoy Patoni y por el norte podía observarse una ermita anexa a la nave principal, finalmente el atrio, mucho más espacioso, se prolongaba hasta el muro norte del edificio de las Cajas Reales.

Fue en 1861, a partir de la aplicación de las Leyes de Reforma, que el templo fue seccionado y vendidas diversas porciones consideradas superiores a las necesidades de culto; el ala norte se enajenó a favor del minero Benito Arellano, quien a su vez la entregó al prestamista polaco, Francisco Lambert, a cuya muerte y por no haber formulado testamento ni tener descendientes pasó a manos del gobierno, siendo ocupada como sede del ejecutivo estatal, hasta 1943, en que se transformó en Cámara de Diputados. En 1957, se establecieron en ese sitio diversas oficinas públicas, hasta que en 1970, es ocupada por la Presidencia Municipal de Pachuca, finalmente, el edificio fue cedido a la Compañía de Real del Monte y Pachuca y embargado pasó a poder del Instituto Mexicano del Seguro Social quien estableció aquí su Delegación Metropolitana, hoy se encuentra abandonado.
Por lo que se refiere a las construcciones del lado norte a un lado del atrio, estas fueron vendidas en 1865 a don Francisco de J. Parres, quien edificó el asiento de su negocio de instrumentos musicales y su residencia, después de 1910, la finca ha sido enajenada a diversos propietarios y hoy debido al estado en el que se encuentra y al uso que se le da es una de las grandes vergüenzas de nuestro centro histórico.

Este pasado 15 de agosto, el actual párroco del templo de la Asunción, intentó reiniciar la vieja tradición religiosa de conmemorar la Asunción de la Virgen, con una serie de actividades dentro y fuera del templo, pero permítaseme decirlo, tanto el atrio, como la plaza, y sus portales, son una verdadera lástima, hoy son espacios invadidos por el comercio informal, sin el más leve asomo de orden, limpieza y decoro, las fachadas, repletas de colgajos, bocinas de música estridente, los jardines vejados por lonas y cajas de madera y todo ello rubricado por el desaseo en aquel, el más antiguo espacio público de la ciudad. Mucho agradecería la ciudadanía, que sin impedir la dedicación de cada quien al comercio, esta actividad quedara regulada y permitiera lucir aquel sitio de tanta tradición, mediante la reubicación en otro espacio a los comerciantes. Hay sin embargo al seno de este caos toda una cadena de corrupción entre líderes y vendedores, que debe acabar, para que volvamos a mostrar orgullosos a nuestros visitantes, lo que fue el Pachuca de nuestros mayores y tal vez para muchos aquel en el que iniciamos nuestros primeros años de vida.

Pie de foto: Jardín Constitución visto desde la Parroquia de la Asunción, testigo fiel del paso del tiempo y del crecimiento de nuestra ciudad.

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Pachuca Tlahuelilpan agosto de 2016

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