La huelga minera de 1766.

Ciertamente la huelga del 15 de agosto de 1766 llevada a cabo por los operarios de las minas de la Comarca Pachuca-Real del Monte, no es la primera en la historia del movimiento obrero, ni mundial, ni de México –Nueva España en esos años– pero sí es la primera debidamente documentada que se registra en la trayectoria de luchas proletarias en América y una de las pioneras en el mundo.

La interpretación histórica de aquel movimiento minero, ha dado pábulo a diversas y encontradas interpretaciones, dos resultan fundamentales, la una de carácter obrerista es sostenida por don Luis Chávez Orozco –reconocido sindicalista y promotor de la educación socialista en México,– en tanto que la segunda favorecedora de los intereses patronales, es encabezada por don Manuel Romero de Terreros –descendiente del Conde de Regla una de las partes en el conflicto y escritor añorante del virreinato– el primero pone de manifiesto su postura en el libro “Conflicto de Trabajo con los Mineros de Real del Monte, año de 1766” en el que transcribió debidamente paleografiados, todos los documentos del movimiento, en tanto que el segundo, lo hace a través de su trabajo, “Pedro Romero de Terreros Creso de la Nueva España”.

Ambas posturas parten de supuestos debidamente documentados, pero interpretados de distinta forma, para Luis Chávez Orozco, el conflicto se generó a partir de que Pedro Romero de Terreros, suprimió el “partido”, prestación que consistía en permitir que al final del “tequio” –trabajo asignado en una jornada, consistente en una cantidad determinada de costales o tenates de mineral– el operario podía sacar un tenate más, que en la superficie era “partido” o dividido por mitad, a efecto de que una de las dos porciones quedara en poder del operario y la otra en el del patrón, costumbre que era observada en la minería novohispana desde finales del siglo 16, la que reconocida por las Ordenanzas del Nuevo Cuaderno, mediante la que, en voz de los propios trabajadores, hacia más llevadero su difícil y peligroso oficio, pues con el “partido”, podían sufragar los gastos de su familia, ya que con el salario apenas podían cubrir sus necesidades personales.

En este contexto se justificó la actitud contestataria de los mineros de Pachuca y Real del Monte, tanto en los hechos previos como en los acaecidos el 15 de agosto de aquel 1766, que hoy es fecha simbólica del movimiento obrero nos solo de México, sino de toda América.

Por su parte, don Manuel Romero de Terreros, aborda el tema mediante un profundo estudio de la situación previa al conflicto. Señala que, días antes, don Pedro fue alertado sobre el hecho de que sus operarios vendían el producto del “partido” a los llamados “rescatadores” –empresarios que adquirían el mineral para procesarlo (beneficiarlo) en sus haciendas,– operación que apreció Terreros les arrojaba a aquellos pingües ganancias, pues sin tener que explotar minas, obtenían mineral para transformarlo en metal. El futuro Conde de Regla, se enteró a través de una puntual investigación realizada por el Alcalde Mayor de Tulancingo Joseph de Leoz, que los rescatadores, solo adquirían, por alguna razón, mineral de los operarios de sus minas y desechaban el que les ofrecían otros mineros.

Es conveniente aclarar que la plata en estado natural, se encuentra en la veta, mezclada con metales como oro, cobre, zinc, níquel y otros, además de materiales que hay que separar para dejarla en estado de pureza, operación que se denomina beneficio y se realizaba en haciendas con amplios espacios donde se propiciaba la separación de los metales, ya por medios físicos o químicos que es a lo que se conoce como metalurgia.

Al profundizar sobre aquella situación, Romero de Terreros pudo percatarse de que sus operarios coludidos entre sí –barreteros, acarreadores, ademadores y otros– conocedores de las rocas minerales continentes de mayor cantidad de metal, apartaban durante toda la jornada, las rocas que a su buen ver, contenían mayor cantidad de metal, sobre todo plata, que al final metían en el fondo del tenate que partirían con el dueño.

Cuando los operarios llevaban el último costal, sacaban de la mitad superior el mineral común y dejaban el escogido en el fondo, mismo que vendían a buen precio a los rescatadores, que de esta manera beneficiaban metal de alto rendimiento, en tanto que el extraído por el dueño rendía mucho menos. Al percatarse de lo anterior, Romero de Terreros, cambió las órdenes y sin alterar la costumbre del “partido” obligó a los operarios a entregar todo el mineral acarreado a la superficie, incluido el último tenate, que era vaciado y mezclado con el de toda la jornada, después los capataces, llenaban la mitad de un tenate y lo entregaban al operario.

En principio no hubo protestas, hasta que los “rescatadores” se dieron cuenta del bajo rendimiento del mineral que compraban a los mineros de Romero de Terreros y decidieron bajar el precio de adquisición, lo que desconcertó a los operarios primero y luego los llenó de inconformidad, hasta hacerlos protestar por el cambio ante el dueño de la mina, quien ante las inconformidades decidió suspender tal prestación alegando que no había ley que lo obligara a observar tal medida.

Las manifestaciones de los mineros empezaron de manera un tanto tímida ante las autoridades de la Alcaldía Mayor de Pachuca a cargo de don José Ramón de Coca, pero fueron subiendo de tono, ante el silencio oficial, de allí que formularan un pliego de peticiones por cierto muy bien fundado, dirigido al Marqués de Croix, quien tampoco contestó nada, lo que orilló a los operarios de las minas de Real del Monte a protestar en Pachuca, precisamente el 15 de agosto de 1766 –día de la Virgen de La Asunción, santa patrona de este Real de Minas– de donde marcharon a Real del Monte, no sin antes haber dejado en libertad a los reos recluidos en la cárcel.

El desenlace, ya se conoce, los operarios escenificaron, un violento tumulto en el que resultó muerto el Alcalde Mayor de Pachuca y al menos dos mineros, cuando el primero quiso dispersar a los trabajadores que se dirigían a la casa de Romero de Terreros para tomar venganza, hubo también decenas de heridos por ambos bandos, aunque el número de estos se desconoce.

Cualquiera de las versiones –obrerista o patronalista– lo cierto es que es esta, si no la primera huelga en la historia del movimiento obrero en América, sí la primera documentada debidamente, de la que quedó como huella, un grueso volumen que contiene todas las actuaciones realizadas por los operarios ante las autoridades. A 249 años, aquel suceso se agiganta cada día, como muestra de la solidaridad obrera, muestra de la conciencia de clase que años después prohijaría el nacimiento del Derecho del Trabajo, como disciplina protectora de las clases trabajadoras.

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Pachuca Tlahuelilpan; agosto de 2015.

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