La Feria de la Asunción en Pachuca

Correspondió hacia 1528 la evangelización de Pachuca, a misiones franciscanas itinerantes, procedentes de las casas de Tulancingo y Tepeapulco. Sin embargo fue el Clero Secular, el primero en establecerse en la comarca. Del informe del Sacerdote Francisco Ruiz en 1569, la más antigua construcción religiosa realizada en Pachuca fue la Capilla de la Magdalena, terminada en 1534, ubicada en la sede de la República de Indios levantada en el pueblo de Magdalena Pachuca, hoy Pachuquilla.

Más tarde a mediados del siglo 16, se edificó en las inmediaciones del entonces Valle de Tlahuelilpan (hoy asiento de la ciudad) un pequeño templo de una sola nave dedicado a la Virgen de la Asunción a los cielos, realizado con paredes de “adobe y techo de tejamanil”, concluido en 1553 y erigido en parroquia en el año de 1560.

El culto a “Nuestra Señora de la Asunción” se fue generalizando entre los pobladores mineros de la comarca, quienes la adoptaron como patrona de la población. Sin embargo aquella construcción se vino abajo el 30 de noviembre de 1647, por lo que de inmediato empezó a reedificarse un nuevo y más amplio templo. Los trabajos de obra para levantar la parroquia duraron 72 años, pues se reabrió oficialmente al culto el 15 de agosto de 1719, la arquitectura se realizó bajo el estilo “Herreriano” muy en boga en España desde el levantamiento del edificio del Escorial. En su interior la iglesia alojó un dorado retablo de madera, en el que se esculpieron las imágenes de 20 santos, curas y un gran fanal en el que se colocó la imagen de la Virgen de Asunción. Durante la construcción los servicios religiosos se efectuaron en altares provisionales establecidos en lo que fuera su atrio, por entonces delimitado al norte en los edificios de Las Cajas, al poniente en el llamado “Puente de Gallo” (ubicado frente al hoy mercado Hidalgo) y por el sur hasta las primeras jardineras de la Plaza Mayor, actual de la Constitución.

Para construir el nuevo templo de acuerdo con la costumbre, se solicitó y obtuvo licencia del Virrey Marcos de Torres y Rueda el 6 de mayo de 1649 y el permiso respectivo del Arzobispo de México Juan Mañozca y Zamora, a fin de efectuar alrededor del 15 de agosto de cada año, una feria destinada a obtener fondos para la edificación.

Un curioso documento judicial procedente del año 1697, relativo a la querella del comerciante Joseph de Aranda, quien fue despojado de su mercancía por los alguaciles de la Alcaldía Mayor de Pachuca entonces a cargo de don Juan Venegas, permite conocer diversos aspectos de aquella festividad.

En primer término, Joseph de Aranda, originario de Villaviciosa España y avecindado en el pueblo de Otompan (hoy Otumba Estado de México), señala que como cada año “asistió a las festividades de la Santa Patrona de las Minas Pachuca para vender sus mercaderías”, más adelante manifiesta que solicitó permiso al “señor cura don Joan de Ximenez para establecer un tendido en la Plaza Mayor a un lado del templo, en la explanada de los Mercaderes donde ofrecería ollas y jarros”, y añade que “se arregló con dicho cura sobre el pago de las obvenciones por permiso de asiento con el compromiso de cubrir los diezmos por las ventas que realizara”. Por lo que hace a la duración de la feria, el compareciente señala que el permiso se otorgó “del viernes 9 al domingo 18 de agosto” y agrega que recibió órdenes para que “el día 15 de Notra Señora de Asumpción” se suspendiera la venta de todo producto durante la celebración de la “misa de Jubileo al medio día y por la tarde durante la celebración de la suerte de varas y la de chinguirtos después de las 4 de la tarde todos los días”. El resto del documento narra la manera en que fue despojado de sus mercancías, por parte de los alguaciles.

Bien podemos imaginar el escenario de aquella festividad, a la que asistían miles de personas de los Reales de Minas cercanos y aún de poblaciones alejadas, que acudían tanto a vender como a comprar mercaderías y de paso a disfrutar de juegos y rondas, tales como los toritos pirotécnicos que correteaban a la muchedumbre, carreras de caballos, lidia de toros, combate de flores y con toda seguridad el Portal de Mercaderes ubicado en la actual Plaza de la Constitución resultó insuficiente para alojar a los cientos de visitantes que utilizaban este sitio para pernoctar, ya que los pocos mesones existentes se abarrotaban diariamente.

Por las mañanas durante aquella feria, la Plaza Mayor, hoy de la Constitución y la aledaña de mercaderes –donde hoy se encuentra el mercado Primero de Mayo–, cientos de vendedores tendían en el piso sus mercancías entre las que se encontraban desde utensilios de barro y jarcería, hasta granos y semillas, artefactos para las labores ecuestres y desde luego puestos de alimentos y bebidas.

No se sabe con exactitud cuándo dejó de realizarse esta feria y a partir de que etapa la Virgen de la Asunción cedió su patronazgo a San Francisco de Asís, aunque bien puede deducirse que ello debió suceder a mediados del siglo 18, cuando don Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, instituyó la fiesta y peregrinación al templo de San Francisco en Pachuca alrededor del 4 de octubre con lo que el Santo Varón de Asís, se convirtió en patrono de la ciudad.

Por lo que se refiere a la parroquia de la Asunción en 1865, fue elevada a la categoría de vicaría foránea de la jurisdicción de Pachuca, dignidad con la que pasó a formar parte de la Diócesis de Tulancingo a la que se anexó en 1905, pues hasta entonces formaba parte de la Arquidiócesis de México.

Durante el siglo 20 fue objeto de diversas transformaciones, primeramente fue construida en el ala norte la capilla del Sagrario, luego, entre 1909 y 1915 en la administración del Sacerdote Rafael León, se cambiaron los ventanales rectangulares de la nave principal por otros circulares, se construyó la segunda planta del curato y se recortó la torre de su campanario. A partir de 1965, durante la estancia en él de Monseñor Enrique Salazar y Salazar, se restableció la cúpula de la torre del campanario, y en afán de seguir la llamada corriente cristo-céntrica, reubicó el altar principal, colocándolo a la altura del crucero central, en tanto se decoraron sus muros con pinturas del artista itzmiquilpense, Jesús Becerril.

Hoy que el templo ha vuelto a la normalidad, su atrio ha sido invadido por el comercio informal, auspiciado por algún lidercillo que explota a esos pobres vendedores, con lo que se ha propiciado caos y fealdad en la más antigua plaza de la ciudad.

www.cronistadehidalgo.com.mx
Pachuca Tlahuelilpan agosto de 2016.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *