La Consumación de la Independencia

El próximo martes se cumplirán 195 años de la consumación de la Independencia Nacional, acontecimiento de particular interés para las hoy regiones hidalguenses, en razón de la destacada participación de diversos personajes de estos lugares en ese hecho. En efecto, tras el fusilamiento de Morelos, en San Cristóbal Ecatepec el 22 de diciembre de 1815, el movimiento de independencia había decaído de manera drástica, ello a pesar de algunos esfuerzos, como el de Francisco Javier Mina.

En el hoy territorio hidalguense, subsistió y sólo por algunos meses más, gracias al caudillo José Francisco Osorno y otros jefes “de poca nombradía”. Mas la política del Virrey Apodaca, fincada en el perdón para todo aquel que depusiera las armas voluntariamente, surtió efectos aniquiladores entre los jefes insurgentes, que vieron como sus ejércitos se reducían día con día, desilusionados por los paupérrimos resultados y temerosos de perder la vida en combates desiguales por la falta de armas y parque. Pronto los propios caudillos regionales se vieron en la necesidad de deponer las armas y retirarse, como el caso del ya referido José Francisco Osorno.

Sin embargo las cosas cambiaron a raíz que entró en vigencia la Constitución de Cádiz en 1820, en razón de que los peninsulares radicados en la Nueva España, decidieron contrarrestar los efectos de la igualdad de todos los habitantes de la metrópoli y sus posesiones en América, debido a lo cual decidieron declarar la independencia de este territorio a fin de mantenerlo bajo su dominio, por lo que nombraron a don Agustín de Iturbide para consumar tal hazaña, pero este al no poder reducir a los insurgentes Guerrero y Bravo, decidió aliarse con ellos y proclamó el Plan de Iguala que pronto cundió en toda la antigua Nueva España.

El primer levantamiento en favor del Plan de Iguala en la hoy región hidalguense, ocurrió a principios de abril de 1821 al proclamar el sacerdote José Antonio Magos la Independencia en Itzmiquilpan y demás pueblos de la Serranía del Doctor, hasta Huichapan, ejemplo que cundió por toda la región y fue secundado a finales de mayo de ese mismo año, por los también sacerdotes José Martínez, párroco de Actopan y Juan Correa (el cura de Nopala en 1810) quien para este entonces se desempeñaba como vicario en el templo de Real del Monte. Ambos religiosos, lograron incorporar al movimiento diversos puntos del Valle del Mezquital.

Sin embargo, correspondió a Nicolás Bravo en unión de José Francisco Osorno, iniciar oficialmente el levantamiento insurgente, estableciendo la base de sus operaciones en Tulancingo, desde donde lograron incorporar a la insurgencia a toda la región de los llanos y la comarca Minera Pachuca-Real del Monte, tras derrotar al general Martínez de la Concha, el militar realista que apresó y fusiló al generalísimo José María Morelos y Pavón.

Así, el 19 de junio de 1821, la Gaceta de México, daba la noticia de que el coronel insurgente Anastasio Bustamante, ayudado por los curas Martínez y Magos, entraba en Zimapán acompañado por un fuerte ejército, apoderándose de los caudales de la hacienda pública resguardados en la Caja Real, cuyo importe alcanzó los cincuenta mil pesos. La propia publicación señalaba que Bustamante otorgó pasaportes a la Ciudad de México en favor de los Oficiales Reales de ese Real de Minas.

Finalmente, en la zona de la Huasteca, donde aparentemente las cosas se encontraban en calma desde 1816 hasta finales de agosto de 1821, el coronel Llorente, antiguo y odioso realista, proclamó el Plan de Iguala, en unión de él, el ayuntamiento de Tuxpan, hecho que se difundió rápidamente por toda la región, adhiriéndose a este pronunciamiento casi de inmediato la Villa de Huejutla y con ella las poblaciones cercanas.

De esta manera, si se toma en cuenta que el primer momento de esta última etapa del movimiento de independencia en tierras hoy hidalguenses, se inicia en abril, con el levantamiento en Itzmiquilpan de don José Antonio Magos, resulta que sólo 5 meses fueron suficientes para consumar una revolución que duró casi once años, iniciada en estas regiones el 9 de octubre de 1810 por Julián Villagrán.

En este contexto de acontecimientos, la mañana del 27 de septiembre de 1821, un numeroso ejército, compuesto por los diversos regimientos que lograron el triunfo de la causa insurgente, desfiló por las principales calles de la Ciudad de México, entre ellos, marcharon 94 efectivos del regimiento de caballería de Zacualtipán; 324 dragones de Tulancingo y 132 de Apan.
Ese mismo día dicen los documentos que obran en nuestro Archivo Histórico del Poder Judicial, hubo celebración en varias poblaciones hoy hidalguenses; en Tulancingo, “se fijaron rotulones ordenando que las fiestas duraran tres días, para las que hubo adorno general de las fachadas, toque de campanas, cohetes, iluminación, serenatas y tres salvas de artillería cada día”.

“En el último día se reunieron en la casa del cabildo, el Subdelegado, el Comandante de las Fuerzas Militares de la plaza y muchos vecinos para acompañar a las autoridades a la Parroquia en donde se celebró una solemne misa con tedeum en acción de gracias por el triunfo del Ejército Trigarante”.

“El señor cura don Manuel Ávila Mutio, pronunció una elocuente y patriótica oración, don José Sebastián de Ibarra, se dirigió al comandante don Francisco Pérez, participándole la celebración de las fiestas, para que a su vez lo hiciera del conocimiento de la superioridad, ordenándose que se publicara en la Gaceta del 2 de octubre de ese año”.

Actualmente tal acontecimiento es poco celebrado por considerar que la consumación estuvo llena de actos espurios, el principal, derivado del caudillaje de Agustín de Iturbide, otrora el más sanguinario realista, quien abrazó el movimiento independentista para elevarse como gobernante de una patria recobrada en beneficio de los intereses de los propios españoles aquí radicados, los que con ello resultaron altamente beneficiados, aunque lo que nunca podremos borrar, es que el 27 de septiembre de 1821, nació a la libertad la nación que hoy es México.

Pie de foto: El 27 de septiembre de 1821 desfiló por las principales calles de la Ciudad de México, un numeroso ejército, entre ellos 94 efectivos del regimiento de caballería de Zacualtipán, 324 dragones de Tulancingo y 132 de Apan.

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Pachuca Tlahuelilpan Septiembre de 2016.

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