El Barrio del Arbolito (Primera parte)

En atención a las diversas solicitudes de los amables lectores de esta columna, hago la presente entrega semanal, misma que consta de dos partes.

Espacios naturales de vida comunitaria surgidos en razón de la inmediata vecindad, los barrios, aparecen en las zonas urbanas como vínculos que entrelazan a sus habitantes en un ambiente de franca asociación solidaria, en los que se alcanza en muchas ocasiones cierta autonomía en relación con el resto de la población. La trama social generada en su interior, les singulariza y une en objetivos comunes para enfrentar como si se tratara de una gran familia las adversidades y festejar de manera pública logros y triunfos.

La vida de cada barrio, trasciende el hogar de sus habitantes y se patentiza en sus calles, plazas, comercios y en general en los lugares públicos ubicados dentro de su entorno, donde la convivencia de los vecinos permite estrechar los lazos de unión entre quienes los habitan, hasta formar un verdadero contubernio familiar.

Característica fundamental de los barrios, es sin duda el nombre que los distingue de los demás. En Pachuca, muchas fueron las razones para designar a los nacidos a raíz de la bonanza de las minas de la comarca, suscitada entre mediados y finales del siglo 19. Así, en primer término, su denominación fue el de la mina o hacienda de beneficio metalúrgico cerca del que se encontraban ubicados, en seguida el de los templos, conventos, capillas o edificios públicos dentro de sus inmediaciones y en otros casos el de accidentes topográficos que existían en su enclave, pero lo más común, fue tomar su designación de la tienda o de la pulquería más afamada asentada en las inmediaciones de su espacio.

Así, de acuerdo con la documentación existente en el Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, en Pachuca surgieron durante el siglo 16, los de “La Motolínica” (lugar pobre) situado al norte de la población; el de “La Granada”, designado así por haberse construido el caserío alrededor de un árbol de granada; el de “Purísima” en razón de su ubicación frente a la hacienda de beneficio de ese nombre; más tarde aparecerán el de “San Juan de Dios”, a un lado del Monasterio y Hospital de esa orden; el de “La Caja” asentado en la parte posterior de la Caja Real; el de “Santiago”, junto a una ermita dedicada a este santo apóstol que se encontraba por el actual rumbo de “Calabazas” al oriente de la población y así por consiguiente.

Ya a finales del siglo 19 y principios del 20, surgirán con gran vertiginosidad, el de “Los Limones” junto a la fuente de este nombre en las calles de Mina; el muy conocido de “El Arbolito” aún existente cuya denominación según la tradición se derivó por ubicarse en el lugar donde creció un pequeño árbol respetado por los vecinos allí establecidos; el del “Porvenir” cercano a la mina de ese sitio y así otros muchos más. Pero la razón más socorrida fue la de utilizar el nombre de la cantina o pulquería de más renombre en el barrio, así tenemos, el de “Las Flores de Abril”, el de “El Mosco”, “La Palma”, “El Atorón” y “El Infierno” entre otros.
Sin duda alguna el más afamado de todos estos barrios en el Pachuca de ayer, lo fue el del “Arbolito”, enclavado en las faldas del cerro de San Cristóbal y prolongado hasta la cima del Cuixi, donde colindaba con otro barrio el de “El Porvenir” casi apéndice del primero.

Su topografía dice don Rafael Cravioto, en su libro “Memorias de un Adolescente, “(…..) enclavado en la parte alta de la ciudad por el rumbo norte, tenían una arteria que conducía directamente a él desde otro barrio: “El Topacio” que era la calle de Galeana que pasaba por la Hacienda de beneficio “El Progreso” (…) era de lo más accidentado. Callejas tortuosas, con callejones cerrados y un sinfín de vericuetos; zanjas para un drenaje primitivo, vecindades sórdidas; tomas de agua con gallitos juguetones; arroyos que eran verdaderamente de reminiscencia medieval y que servían como drenaje; banquetas de baldosas rústicas y mesones para arrieros que conducían muy dudosos cargamentos, se agrupaban de cualquier manera, sin orden ni concierto, sin ningún plan de urbanización y obedeciendo solamente a las condiciones topográficas del cerro donde se asentaban”.

Todo parece indicar que el poblamiento de esta barriada, tuvo lugar a partir de la segunda mitad del siglo 19, como puede colegirse de los testimonios gráficos que se conservan de la Ciudad de Pachuca, en los que puede observarse que el crecimiento de la mancha urbana entre 1870 y 1900, se suscitó fundamentalmente en norponiente, donde se estableció la más importante factoría para el beneficio de la plata, la Hacienda de la Luz (a) Loreto, alrededor de la cual los fundos de El Rosario, y más arriba San Rafael y Camelia entre otros, dieron marco al auge minero de mayor importancia en la historia de este antiguo Real, cuya población creció once veces durante la segunda mitad del siglo 19, como puede observarse en los testimonios fotográficos.

Hacia 1875, aún no se habían poblado las faldas del Cerro de San Cristóbal, eran los años en que empezaron construirse las arterias que fundarían en el barrio de “El Arbolito”.

www.cronistadehidalgo.com.mx
Pachuca Tlahuelilpan, enero de 2016.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *