La Plaza Independencia V

Al arribar a la primera década del siglo 20, la Plaza Independencia se había constituido ya en el segundo sitio de mayor importancia comercial en Pachuca, prácticamente todo su entorno estaba tapizado de negocios a los que se agregaba una importante institución bancaria en la ciudad, el Banco de Hidalgo, emisor de sus propios billetes respaldados por las más afamadas empresas mineras de la comarca, de igual manera se habían establecido en ella reconocidos comisionistas, encargados de colocar acciones de las compañías mineras entre inversionistas que deseaban obtener mayor rendimiento de capital para su dinero. Las fotografías de la época permiten observar el constante tránsito de personas y carromatos de toda especie, ya los tirados por bestias, o bien los de tracción automotriz que empezaban a invadir la ciudad, ello sin olvidar a los pequeños tranvías de remolque animal que tocaban la plaza en dos direcciones, de sur a norte por la calle de Matamoros y de norte a sur por la arteria de Allende. Algo que sin duda destacaba en aquél lugar, era la homogeneidad de las construcciones que le rodeaban: en el ala sur, el teatro Bartolomé de Medina, separado de la plaza por el callejón de Colón, desaparecido para dar paso a la construcción de la “Escuela de Comercio Sebastián Lerdo de Tejada” y al “Casino Pachuca”, ambos construidos en cantera, como inmejorable prolongación de la fachada del teatro. Los pachuqueños de hace algunos años recordaban aún con nostalgia los balcones de la escuela, dispuestos a lo largo del ala que miraba hacia la plaza, utilizados en aquellos días del ayer como estratégicas bancas, desde donde las parvadas de jovenzuelos los domingos y días de fiesta, admiraban el paso de las bellas jovencitas que acostumbraban dar vueltas y vueltas exhibiendo su belleza. En la acera poniente, “El Hotel Grenfell” que edificó durante esta década (1904) su segundo piso, prolongando el ladrillo aparente de su planta baja, sitio en el que se ubicaban diversos comercios, entre ellos “La Columbia” una tienda de cilindros fonográficos que llegó a convertirse en una de las más importantes disqueras a mediados del siglo 20; estaba también el expendio de la “Lotería de Michoacán” y desde luego su afamado restaurante –Ladies Bar–; esta sección de la plaza se vio también embellecida durante esta época, con la construcción en 1904 del Banco de Hidalgo, allí mismo, calle de Bravo de por medio, se encontraba una de las tiendas más afamadas de la ciudad “El Depósito”. Por el norte tenían su asiento en primer término, el “Genio Mercantil”, negocio destacado en el medio comercial, por ser el más reconocido expendio de granos, por cierto en la planta alta, se estableció el despacho del corredor de negocios, Roberto Hope, el resto de esta sección era continuado por la casa de la familia Gómez Jáuregui, en cuya planta baja se encontraban la cantina y billares “El Paraíso”, su fachada tenía un portalito de lámina y madera, enseguida se ubicaba el primer depósito de la “Cervecería de Orizaba” en Pachuca. Finalmente en el ala oriente, en la esquina de Ocampo y Zaragoza, se ubicaba la antigua tienda “Francisco Cacho y Compañía” –que a decir de una almanaque de 1901, lo mismo vendía telas del país que cristal de bohemia, latería española o portuguesa que granos de los campos hidalguenses– este almacén se transformó en esa década en otra famada tienda, “La Ciudad de México”. De Ocampo hacia Leandro Valle, existía un prolongado edificio de dos plantas que iniciaba con “La Relojería Suiza”, después ocupado por la bonetería “La Ciudad de París”, continuaba la panadería “La Palanca”, (que en 1937 construiría el actual edificio de su nombre), todo aquel conjunto concluía en la farmacia “El Refugio” y su colindante era la nevería “La Nueva”, un edificio de tres plantas, el más alto de los que ahí se ubicaban, que en alguna ocasión alojara una pequeña pista de hielo y también un cinematógrafo; todo terminaba en el afamado restaurante “Las Palomas” ubicado en la esquina con la calle Leandro Valle. Las dimensiones de la plaza eran mucho más reducidas que las actuales, pues daba inicio a la altura de la calle de Doria, otrora del Comercio y terminaba por el norte frente a la cantina y billares “El Paraíso”, en el centro se hallaba un kiosco de lámina y madera del que la publicación “Musa Bohemia” editada por Miguel Bracho, llegó a decir: “Es una verdadera vergüenza que nuestra ciudad capital mantenga el triste estado de un poblacho abandonado en una de sus principales plazas, adornada con un espantoso quiosco, que con los aires que hacen en Pachuca, nunca se aprovecha y más todavía por las muestras de abandono en que se encuentra. Por ello entendemos que cualquiera de las bandas de música de la ciudad, se niegue a tocar bajo su techo serenatas y concertinos, tanto por lo reducido de sus medidas, que no les permite lucir a todos los ejecutantes, como por los aires que allí se hacen sentir por el atardecer y primeros minutos de la noche…”. Por otra parte resulta importante señalar que todas las calles que rodeaban a la Plaza de la Independencia, estaban embaldosas desde finales del siglo anterior, lo que se hizo cuando el Gobernador Rafael Cravioto, levantó un gran terraplén en el ala oriente, para evitar los desbordes del Río de las Avenidas, cuyo cauce a esa altura era muy bajo y propiciaba constantes inundaciones en la plaza. Finalmente debe señalarse que fue en esa década cuando se construyó a partir de 1904, una torre de conciertos, que terminó dando lugar al gran monumento edificado para conmemorar el primer centenario de la Independencia, mejor conocida como torre del monumental Reloj de Pachuca. Pie de foto: Imagen de la Plaza Independencia en 1900, en la que puede observarse el crecido tránsito de vehículos en este emblemático lugar de Pachuca. www.cronistadehidalgo.com.mx Pachuca Tlahuelilpan Mayo de 2016.