Breve historia de las calles de Pachuca (Segunda y última parte)

Fue la bonanza de la segunda mitad del siglo 17, la que impulsó el desarrollo urbano del antiguo Real de Minas, más allá de las riveras del Río Pachuca, en cuyos márgenes dio principio a la construcción de casas y factorías de beneficio que aprovechaban las aguas que entonces corrían con mayor caudal, pronto se ganó terreno a las estancias y sembradíos; entonces la población empezó a crecer y a dar albergue a los cientos de trabajadores que llegaron a esta comarca para trabajar en las minas que rápidamente se descubrían. No obstante, fue el apogeo minero operado en el siglo 18, cuando Pachuca alcanzó orden y disposición de pueblo, como puede observarse en el plano de la ciudad que obra en la mapoteca “Orozco y Berra”, procedente de mediados del mismo siglo, en el que se muestra cómo la población había crecido hacia el sur a partir de la Plaza Mayor, respetando la traza de las calles “Derecha” –hoy Morelos– y “Real” –actual de Hidalgo–; es notorio el esfuerzo por dar a las de nueva creación un aspecto ajedrezado, que no se observa en la otra orilla del Río Pachuca –hoy de Las Avenidas– donde destacan la calle de “Las Estaciones” actualmente de Allende y la de “Los Mesones” hoy de Matamoros, porción en la que el caos constructivo es manifiesto. Los nombres de las vías más pequeñas, eran verdaderamente curiosos, entre ellas “La Cuesta China” –hoy Ocampo–, la del “Camino a Actopan” actualmente de “Abasolo”, la de “El Hospital” en nuestros días de “Observatorio”, la de “Luzón” situada en la hoy cuarta de Abasolo, la de “Camino a México” que corresponde a las de Guerrero, la del “Comercio” ubicada en la actual primera de Doria, la de “El Indio Triste” hoy primera y segunda de Patoni, la del “Indio Quemado” probablemente la actual de Mariano Jiménez. Otras no fácilmente ubicadas con la traza y nomenclatura actual son: los callejones de “Mercaderes” (tal vez la primera de Hidalgo), “Los Limones” (posiblemente Mina), “Carboneros”, “El Altillo”, “de los Burros”, “Planilleras”, “Lavanderas” y hasta uno dedicado, supuestamente al establecimiento de prostíbulos, llamado de “Las Cortesanas”. Desde luego, no faltaban los que hacían alusión a diversas haciendas de beneficio mineral, tales como “Camino de La Purísima”, que cruzaba frente a la actual hacienda de Loreto; “El Pedregal” después de “Progreso”, que era continuación de “Las Cajas” hoy “Venustiano Carranza” antes “Iturbide”, y se agregan aquellas cuya denominación dependía del templo al que daban acceso, como la de Mercedarios (frente al templo del Carmen) o la del Colegio, lateral al Convento de San Francisco, en la actualidad conocida como “Arista”. La primera etapa del siglo 19, se caracterizó no sólo por el nulo crecimiento del perímetro urbano de Pachuca, sino aún más, por drásticas reducciones a su traza, merced al decaimiento de la explotación minera. Para el año 1850, se reportaba la existencia de apenas 4,000 habitantes, 2,500 menos que en 1820, sin embargo, un año después, al descubrirse el clavo inicial de la veta de Rosario y con él, una cadena de nuevos hallazgos, se dio la más importante bonanza de la historia pachuqueña. A partir de entonces, el aumento de la población se generó casi de inmediato, en 1852 alcanzaba 5,400 personas, en 1864 12,000 y en 1900, es decir 50 años después, el número llegaba a los 44,000, lo que significó un crecimiento 11 veces mayor. Para entonces, Pachuca era la quinta ciudad más poblada del país. La súbita expansión de la mancha urbana generó todo un caos en el desarrollo citadino, que para aquel tiempo no contaba con reservas territoriales. Ranchos, terrenos de cultivo pertenecientes a particulares y por si fuera poco, el depósito de los desperdicios del sistema de beneficio llamados Jales (de Xala “arena”), se constituyeron en una auténtica barrera que obligó a los nuevos pobladores a establecerse en las faldas de las montañas que rodean al antiguo asiento de la ciudad. Es en ese periodo, cuando surgió la moderna nomenclatura de las calles de Pachuca, y fueron los hechos trascendentes o los héroes de nuestra historia los que sirvieron para designar a las grandes y pequeñas arterias de la ciudad, aunque en algunos casos perduraran los antiguos nombres. Así, al lado de calles como las de Independencia, Hidalgo, Allende, Guerrero, Matamoros o Abasolo, persistían otras como “Las Cruces”, “Niño Perdido”, “Hospital”, “Barreteros”, “La Zorra”, “El Minero” o “Pueblita”. En 1901, al ocupar la Presidencia Municipal de Pachuca el ingeniero Gabriel Mancera, rico inversionista minero y uno de los principales impulsores del Ferrocarril Hidalgo, propone al Ayuntamiento la creación de una nueva nomenclatura mediante la utilización de un moderno sistema basado en ejes, cuadrantes, secciones y zonas, cuyas nuevas designaciones se realizarían en orden alfabético, a fin de simplificar la localización de cualquier calle o callejón. Sin embargo, la propuesta complicó las cosas al proponer que las vías llevarían principalmente nombres tomados de la historia y mitología griega o romana, así por ejemplo, la calle de “Jiménez” se denominaría “Pasaje de Cicerón”, la de “Ángela Peralta” se llamaría “Diana”, la de “Ignacio López Rayón” pasaría a ser “Jenofonte” y así por el estilo. Aunque el proyecto fue aprobado, no llegó a aplicarse, en primer término por no contar con el presupuesto suficiente para fijar las nuevas placas que le corresponderían a cada arteria y en segundo lugar, porque fue rechazado por la ciudadanía, para quienes en su gran mayoría les eran desconocidos los nombres propuestos y muchas veces difíciles de pronunciar, con tal motivo, circularon unas hojitas con las siguientes quintillas:

El progresista Mancera, Y queriéndola apropiar En prueba de su cultura, A histórico plan minero Y estimación verdadera A venido resultar Donó a la ciudad minera Magnífico plan ranchero Toda una nomenclatura Que buena guerra ha de dar.

Si bien la nueva nomenclatura no llegó a ser aplicada, Mancera tuvo oportunidad de escribir un bello opúsculo que intituló “Diccionario de las Palabras Empleadas para las Vías Públicas de la Ciudad de Pachuca”, publicado por la compañía industrial Ascorve y Gayoso en el año de 1906, que muchas luces ha dado para estudiar el comportamiento urbano de esta ciudad.

Pie de foto: Plano de la Mapoteca "Orozco y Berra" Pachuca en 1746, la parte superior corresponde a la sierra norte de Pachuca y la inferior al sur, donde se encontraba el Convento de San Francisco.

www.cronistadehidalgo.com.mx Pachuca Tlahuelilpan Julio de 2015.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *