Historia del culto Guadalupano en Pachuca

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No se conoce con exactitud cuando inició en Pachuca el culto a la Virgen Guadalupana, las noticias al respecto son vagas, aunque permiten saber que para 1725, año en el que dio inicio la construcción del “Hospital de San Juan de Dios” de esta ciudad, existía ya en el sitio donde se construiría ese nosocomio –en las faldas del cerro de Cuxi, cuarta calle de Doria– una capilla dedicada a esa advocación, pues la autorización para la edificación del hospital, otorgada por Fray José de Lanciego y Eguilaz, señalaba que en el terreno donado por don Francisco Luzón y Ahumada, había ya la mencionada capilla.
Es incuestionable que la primitiva construcción Guadalupana existente en los terrenos del Hospital de San Juan de Dios, fue demolida para levantar en su lugar, una bellísima construcción de estilo barroco y de muy buenas proporciones, cuyo recinto no es otro que el actual salón de actos Baltasar Muñoz Lumbiere, aula máxima de la Universidad Autónoma de Hidalgo. Su construcción dio inicio, junto con las instalaciones hospitalarias a finales del 1725, como se deduce de las noticias que difundía ese año la “Gazeta (sic) de Sahagún y Arévalo”.
La fábrica del templo, tuvo un costo de poco más de tres mil de aquellos pesos y fue iniciada y concluida bajo la administración del reverendo prior Juanino Fray Francisco Xavier de Orozco y Villareal, el que debió quedar terminado, hacia finales del 1733, pues el 8 de marzo del año siguiente, fue bendecido y dedicado en solemne ceremonia, en la que se dio cuenta de su extraordinaria ornamentación exterior e interior a base de formas barrocas y en algunos niveles churrigueresco.
Fue precisamente la advocación del templo, la que dio nombre al nosocomio, denominado de Nuestra Señora de Guadalupe, institución recibida con gran cariño y respeto por la comunidad minera en razón de que vino a aliviar el dolor de cientos de operarios mineros aquejados por accidentes y enfermedades provocadas por el duro trabajo de las actividades extractivas.
Más de un siglo permaneció abierto al culto divino el templo de Nuestra Señora de Guadalupe, pues a pesar de que la orden religiosa Juanina, fue extinguida en 1820, por disposición de la Constitución de Cádiz de efímera vigencia en las posesiones Españolas de América –que suprimió las ordenes hospitalarias y entregó sus instalaciones a los Ayuntamientos donde las hubiere– en el caso de Pachuca, tanto los establecimientos hospitalarios como el templo permanecieron abiertos al público hasta el año de 1837, cuando murió el padre Agustín de Melgarejo que fue el último prior de la orden en Pachuca.
No volvió el templo de Nuestra Señora de Guadalupe a brindar servicios sacramentales desde entonces, aunque sirvió para diversos fines, tales como, cuartel de las Fuerzas de Rurales, etapa en la que en el espacio de la nave se establecieron los macheros de aquel cuerpo de seguridad, en el período de la intervención francesa se albergaron aquí los ejércitos invasores y el templo se utilizó como bodega, finalmente al donarse las instalaciones del ex-hospital al Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios, que creado en 1869, se trasladó a este sitio en 1875, el antiguo templo dividido con un entrepiso, se aprovechó para alojamiento de los alumnos internos, becados por los municipios.
Entre 1917 y 1919, se hicieron las adaptaciones necesarias para convertir a la nave en salón de actos del Instituto y se aprovechó el entrepiso de los dormitorios ya desaparecidos para entonces, a fin de establecer en el espacio superior un gran salón de talleres de carpintería y el afamado museo de mineralogía. En 1969 durante la gestión del Rector Juventino Pérez Peñafiel se rescató el templo en toda su magnitud al demolerse el entrepiso.
De lo anterior podemos colegir que el culto Guadalupano cayó sino en el olvido, sí en la falta de recintos específicos a su advocación, no obstante que en los templos de San Francisco y de la Asunción se edificaran altares colaterales para la morenita del Tepeyac.
Existe un dato que puede ser revelador del culto Guadalupano, a mediados del siglo 19 se levanta en la salida del camino a México, una ermita a la vera de aquel camino en la que se veneraba a la virgen mexicana, que hacía finales de ese mismo siglo se transforma en santuario, mantenido por los files de la recién creada colonia Rafael Cravioto, comprendida entre las actuales calles de Moctezuma, Cuauhtémoc y Avenida Juárez.
Si atendemos a los datos que proporciona el Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Hidalgo, no fue sino hasta 1907, cuando a iniciativa de la señora Virginia de Hernández, esposa del señor Francisco Hernández, Secretario General de Gobierno de don Pedro Ladislao Rodríguez, se realizan los trabajos de ampliación de la primitiva nave de la ermita del camino México-Pachuca.
En efecto, los testimonios fotográficos, permiten observar que frente a la fachada de piedra de la ermita, se edificó una nave con techo de dos aguas en lámina, aprovechando las dimensiones del atrio. Es probable que la feria que se efectúa alrededor del 12 de diciembre, en las afueras del templo, diera inicio en aquellos años.
En 1954, a instancias del Obispo de Tulancingo Monseñor Miguel Darío Miranda y Gómez y del párroco del pequeño templo ya denominado como “La Villita” Monseñor Árcega, comenzó la construcción de un nuevo y más amplio templo, concluido hace poco más de un lustro, cuando fue bendecida como Basílica Menor de Guadalupe, la iglesia es hoy un digno santuario del culto más extendido en México, pero ante todo es producto del esfuerzo de muchos fieles que a lo largo de medio siglo colaboraron para su construcción.

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Pachuca Tlahuelilpan diciembre de 2014.